Sentido y propósito

8 min

Por qué tu vida es un viaje del héroe (y cómo se reconoce la llamada)

Por qué tu vida es un viaje del héroe (y cómo se reconoce la llamada)

Por qué tu vida es un viaje del héroe (y cómo se reconoce la llamada)

El viaje del héroe de Campbell aplicado a la vida real: la llamada, la identidad narrativa de McAdams y lo que objetan los folcloristas. La Etapa 1 del viaje Senior, comentada.

El viaje del héroe de Campbell aplicado a la vida real: la llamada, la identidad narrativa de McAdams y lo que objetan los folcloristas. La Etapa 1 del viaje Senior, comentada.

El viaje del héroe de Campbell aplicado a la vida real: la llamada, la identidad narrativa de McAdams y lo que objetan los folcloristas. La Etapa 1 del viaje Senior, comentada.

Imagen de portada generada con inteligencia artificial.

Esta semana, en miles de casas, alguien madruga con los papeles ya preparados sobre la mesa del salón. El lunes 14 de septiembre se abre la reserva de los viajes del Imserso: 879.213 plazas para esta temporada, y más de cuatro millones y medio de personas acreditadas para pedirlas. La costa, las islas, las escapadas. Habrá teléfonos ocupados, agencias con cola en la puerta y más de una discusión cariñosa sobre si Benidorm o Mojácar. España es, se diga lo que se diga, un país de mayores que viajan.

Este artículo va de un viaje que no sale en ese catálogo. No tiene fechas, no tiene hotel y nadie puede reservarlo por ti. Lleva contándose desde antes de Homero, y la primera etapa del viaje Senior de Thenomba lo lleva en el subtítulo. Con esta pieza abrimos una serie nueva del Cuaderno: las doce etapas del viaje, comentadas una a una, despacio. Empezamos por la primera, Busca tu propósito, y por el momento del que depende todo lo demás: la llamada.

El hombre que encontró el mismo cuento en todas partes

En 1949, un profesor de literatura llamado Joseph Campbell publicó un libro extraño titulado El héroe de las mil caras. Llevaba años leyendo mitos de tradiciones que jamás se habían tocado entre sí, griegos, polinesios, artúricos, americanos, y creyó ver en todos ellos el mismo esqueleto. Una persona corriente recibe una llamada. Duda. Cruza un umbral que la saca de su mundo conocido. Pasa pruebas, encuentra aliados y maestros. Y vuelve a casa transformada, trayendo algo que su comunidad necesita. Campbell lo llamó el monomito; el mundo lo conoce como el viaje del héroe.

De ese esquema, y de cómo se lee a partir de los sesenta, ya hablamos en este Cuaderno. Lo que no hicimos entonces fue detenernos en la primera casilla, que es la que ahora nos toca. Porque todo lo demás, el umbral, las pruebas, el regreso, depende de un momento anterior, más silencioso, que en las historias dura un párrafo y en la vida puede durar años: darse cuenta de que algo está llamando.

La llamada no llega por carta

En los relatos, la llamada es escandalosa. Llega una carta, aparece un mago en la puerta, un barco atraca en el puerto. En la vida real casi nunca hay mago. La llamada, a partir de cierta edad, se parece más a esto: terminas de recoger la cocina a las diez de la mañana y el día se abre por delante como un pasillo demasiado largo. O contestas «bien, todo bien» por tercera vez en una semana y notas, al decirlo, que no es mentira pero tampoco es verdad entera. O alguien te pregunta qué harías si tuvieras veinte años menos, y te sorprende no la pregunta, sino la rapidez con la que responde algo dentro de ti. De esa inquietud, cuando llega antes, ya escribimos aquí.

La Etapa 1 del viaje Senior condensa todo eso en una pregunta de seis palabras: ¿qué me mueve ahora? No qué toca hacer, ni qué esperan los demás, ni qué hiciste durante cuarenta años. Qué te mueve, hoy, a ti. Es una pregunta incómoda precisamente porque durante décadas no hizo falta hacérsela: el trabajo, la casa y los hijos contestaban por su cuenta.

Conviene decir algo antes de seguir: esa inquietud no es una avería. No hay que curarla, ni taparla con actividades como quien tapa un ruido con la radio. En el lenguaje del viaje, esa inquietud es información. Es la forma que tiene una vida de avisar de que todavía queda vida por decidir.

Lo que la psicología llama identidad narrativa

Aquí uno podría objetar que todo esto es literatura. Es justo. Vamos con lo que dice la investigación.

Desde hace más de tres décadas, el psicólogo Dan McAdams, de la Universidad Northwestern, estudia algo que llama identidad narrativa: la historia de vida, interiorizada y siempre en revisión, con la que cada persona integra su pasado reconstruido y su futuro imaginado para dar a su vida cierta unidad y cierto propósito. En 2013, junto a Kate McLean, resumió en Current Directions in Psychological Science lo que ese campo ha encontrado. Dos resultados interesan aquí. El primero: contarse la propia vida es una de las maneras centrales con que los seres humanos fabricamos sentido, no un adorno, sino el telar donde el sentido se teje. El segundo: las personas que, al narrar su vida, encuentran aprendizajes en la adversidad y se cuentan como agentes, como alguien que decide y no solo alguien a quien le pasan cosas, muestran, de media, mejor salud mental y mayor madurez.

Y ahora el matiz, porque en este Cuaderno los matices se cuentan enteros: los propios autores reconocen que la dirección causal está abierta. Quizá narrarse mejor ayuda a vivir mejor; quizá quien está mejor narra mejor; probablemente ambas cosas se alimentan. Es una asociación sólida, no una receta. Nadie puede prometerte nada por escribir tu vida, y quien te lo prometa, desconfía.

El contrapunto: los folcloristas no compran el monomito

Seamos igual de honestos con Campbell. En la academia, su esquema tiene críticos serios. El folclorista Barre Toelken sostuvo que Campbell solo pudo construir su monomito citando los relatos que encajaban en el molde que ya traía pensado, dejando fuera los miles que no encajan. Alan Dundes, uno de los folcloristas más citados del siglo XX, fue más duro: consideraba el arquetipo campbelliano una idea de aficionado que ha hecho daño al estudio serio del folclore. Y Maureen Murdock señaló en 1990 que el esquema entero está construido en masculino: el héroe que sale a conquistar el mundo es un guion que a muchas mujeres de tu generación, que sostuvieron casas y trabajos y cuidados a la vez, sencillamente no les cuadra.

Hay un matiz más, y es el que más importa: ninguna vida le debe a nadie un arco narrativo. Hay vidas espléndidas que no tienen tres actos, ni umbral, ni regreso triunfal; hay años que son meseta y no por eso están vacíos. Si un día la historia no te sale redonda, el defecto no está en tu vida: está en el molde.

Entonces, ¿por qué usamos el esquema? Porque el viaje del héroe no es una ley de la naturaleza: es una lente. Y las lentes no se juzgan por ser verdaderas, sino por lo que dejan ver. Esta deja ver tres cosas que la cultura suele negarle a tu edad: que puede haber llamada, que puede haber camino y que lo aprendido pide ser entregado.

El viaje de la integración

Lo dijimos al hablar del viaje del héroe a los 70 y conviene repetirlo aquí, porque es la clave de toda la serie que empieza: el viaje que se emprende a esta edad no es el de la juventud. Aquel era un viaje de conquista, salir, hacerse un nombre, acumular. Este es un viaje de integración: volver sobre lo vivido, ordenarlo, entender qué significa, y poner una experiencia que nadie más tiene al servicio de algo que importe.

Por eso la Etapa 1 no empieza pidiéndote proyectos. Empieza pidiéndote una mirada: la vida vivida a un lado, la vida que sigue al otro, y en medio tú, con tu mapa de valores y tus preguntas. Hay ejercicios de biografía personal, hay conversaciones con personas que han reinventado su rumbo a esta edad, hay un diario de viaje donde el hilo se va anotando. Es el programa empezando por donde debe empezar: por saber qué te mueve, antes de decidir hacia dónde ir.

Cómo se responde a una llamada

No hace falta una decisión solemne. Las llamadas reales se responden con gestos pequeños y concretos. Anotar, por ejemplo: una libreta cualquiera y diez minutos, dos o tres veces por semana, escribiendo qué te ha movido y qué te ha dejado indiferente. Al mes, ese cuaderno sabe de ti más que muchas conversaciones. Conversar, también: no con cualquiera, sino con alguien capaz de preguntarte en serio y escuchar la respuesta entera. Y elegir un umbral a tu medida: retomar aquello que dejaste, leer con plan, apuntarte a lo que te exija un poco más de lo cómodo.

Y sí: reserva también el viaje del catálogo, si te apetece. Que sea buena semana para las dos cosas. Solo que, mientras esperas la confirmación de la agencia, quizá valga la pena escuchar un momento hacia dentro. La otra reserva, la del viaje que lleva tu nombre desde hace tiempo, no tiene plazo, no tiene cupo y no la puede hacer nadie por ti. Pero también se abre esta semana. Se abre, en realidad, cualquier semana en que decidas atender la llamada.

And what if this were your next year?

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A journey of ideas, conversations, and twenty minutes a day to continue growing.

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Filosofía

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¿Se puede florecer al final de la vida? Lo que Aristóteles —y la ciencia actual— nos enseñan

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Aristóteles llamaba florecer al ejercicio pleno de las facultades humanas. Hoy, un grupo de filósofos y médicos investiga si ese florecimiento es posible —e incluso especialmente posible— en los últimos años de la vida. Esto es lo que han encontrado.

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Las seis dimensiones del florecer humano: el marco de Harvard aplicado a esta etapa de la vida

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Tyler VanderWeele y el Human Flourishing Program de Harvard han propuesto seis dimensiones que cubren —en casi todas las culturas— lo que significa que una vida vaya bien. Las repasamos una a una pensando en quien tiene 60, 70 u 80 años.

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Vida cotidiana

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Doce preguntas para mirar tu vida con honestidad: el cuestionario Harvard del florecer humano

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El Human Flourishing Program de Harvard ha diseñado un cuestionario muy corto —doce preguntas, dos por cada dimensión del florecer humano— que se responde en cinco minutos. No es un diagnóstico. Es un espejo. Lo traemos al castellano y lo adaptamos para mirar la propia vida en la madurez.

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