Salud cognitiva
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Durante mucho tiempo se pensó que el cerebro adulto era una máquina cerrada: nacíamos con las neuronas que íbamos a tener, y a partir de cierta edad sólo cabía perderlas. La neurociencia de las últimas tres décadas ha tirado por tierra esa idea. Hoy sabemos que el cerebro humano sigue formando conexiones nuevas durante toda la vida. A esa capacidad se la llama neuroplasticidad, y es una de las mejores noticias que se puede recibir al cumplir sesenta y cinco años.
Qué es la neuroplasticidad y por qué importa en la madurez
La neuroplasticidad es la capacidad del cerebro para reorganizarse: crear nuevas conexiones (sinapsis) y, en ciertas zonas, incluso nuevas neuronas (neurogénesis). Esta capacidad se mantiene en la madurez, aunque cambia de carácter. El cerebro joven aprende rápido pero olvida con la misma facilidad. El cerebro maduro aprende más despacio, pero consolida mejor y conecta lo nuevo con un cuerpo enorme de experiencia previa. Por eso los mayores son, en algunos aprendizajes, mejores que los jóvenes.
La reserva cognitiva, el otro concepto clave
Hay un segundo concepto que conviene tener en mente: la reserva cognitiva. La idea, propuesta por el neuropsicólogo Yaakov Stern, es que algunas personas mayores resisten mejor el deterioro cerebral —incluso cuando tienen lesiones evidentes— gracias a un "colchón" mental construido a lo largo de la vida.
Tres factores son especialmente protectores frente al deterioro cognitivo en la tercera edad:
Educación y formación a lo largo de la vida. No se refiere a títulos: se refiere a seguir aprendiendo. Aprender un idioma, leer textos exigentes, debatir en serio.
Vínculos sociales activos. Conversar requiere procesar lenguaje, modular emoción, anticipar al otro. Es ejercicio mental de los mejores que existen.
Vida con propósito. Tener proyectos en marcha —no necesariamente grandes— es uno de los predictores más potentes de mantener la lucidez en la madurez.
¿Cualquier aprendizaje vale?
No. Los crucigramas y el sudoku son entretenimiento, pero su efecto sobre la salud cognitiva global es modesto. Lo que más beneficia al cerebro maduro son aprendizajes que cumplen tres condiciones:
1. Que sean exigentes pero no frustrantes
El cerebro responde mejor a tareas que están un escalón por encima de lo que ya sabes hacer. Demasiado fácil, no estimula. Demasiado difícil, frustra y se abandona. Por eso un buen plan formativo para mayores tiene graduación: empieza por lo accesible y va subiendo el peldaño con calma.
2. Que conecten con la vida
Aprender una habilidad descontextualizada (memorizar capitales, repetir tablas) cunde menos que aprender algo que se conecta con tu propia historia. La filosofía sobre la vida buena, la historia de tu propio país, las grandes preguntas humanas, son materiales que tienen resonancia con lo vivido.
3. Que se compartan
El aprendizaje compartido es radicalmente más potente que el solitario. Hablar de lo aprendido, escribirlo, debatirlo, consolida lo que se acaba de adquirir y, además, combate la soledad —una de las mayores amenazas para la salud cognitiva de los mayores—.
Aprender en la madurez no es una rareza ni un capricho. Es una de las pocas cosas con efecto demostrado sobre la salud, el ánimo y el sentido de la vida.
Por qué un viaje de humanidades cumple las tres condiciones
Las humanidades —filosofía, historia, arte, literatura, naturaleza— son, sorprendentemente, uno de los mejores materiales para entrenar el cerebro maduro. Son exigentes pero asequibles; conectan con la propia biografía mejor que casi cualquier otra disciplina; y se comparten bien en grupo.
En el viaje Senior de Thenomba, las doce etapas combinan precisamente estas tres condiciones. Cada paso de veinte minutos al día va un escalón por encima del anterior, en orden cuidadoso. Cada etapa engancha con la vida vivida del NOMBA. Y todo se conversa: con un aliado, con otros NOMBAs, en encuentros en directo y en el cuaderno propio.
Y si me cuesta empezar
Es normal. Especialmente si llevas años sin estudiar de manera formal. Tres consejos prácticos:
Veinte minutos, no más. El cerebro maduro consolida mejor con sesiones cortas y diarias que con sesiones largas espaciadas.
Anota lo que entiendes y lo que no. Escribir fija la memoria. No para entregar a nadie. Para ti.
Compartir es la mitad del aprendizaje. Habla de lo que estás leyendo con tu pareja, con un amigo, con tus nietos, con el grupo de la comunidad. Te sorprenderá cuánto más recuerdas.
Aprender no "ya no es para ti". Probablemente nunca ha sido tanto para ti como ahora.
Lecturas: Stern, Y. (2002). What is cognitive reserve? Theory and research application of the reserve concept. Journal of the International Neuropsychological Society. Eriksson, P. S. et al. (1998). Neurogenesis in the adult human hippocampus. Nature Medicine.