Lecturas
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Hay libros que se abren a los veinte y que te golpean. Hay otros que se abren a los sesenta y que sólo entonces empiezan a tener sentido. La madurez es —entre otras cosas buenas— la edad de leer mejor. Tienes detrás una vida que da textura a las páginas. Tienes silencio. Tienes la libertad de cerrar el libro que no te toca y volver al que sí. Esto es una lista pensada despacio: diez libros para leer (o releer) en los próximos diez años. No son los más vendidos, pero son los que más cunden.
Para empezar la conversación contigo mismo
1. Marco Aurelio — Meditaciones
Un emperador romano, en campaña, que escribe para sí mismo cada noche. Es uno de los textos más íntimos y más serenos que se han escrito. Trata de cómo no exasperarse, cómo aceptar lo que no se puede cambiar, cómo no dar más vueltas de las necesarias. Cabe en un bolsillo, se puede leer en cualquier orden y se mejora con cada relectura.
2. Cicerón — De senectute (Sobre la vejez)
Cicerón lo escribió a los sesenta y dos años, defendiendo —contra las quejas habituales de su época— que la vejez es la edad mejor para muchas cosas: pensar, leer, conversar, decidir. Llevamos veintiún siglos sin escuchar bien este libro.
Para volver a las preguntas grandes
3. Joseph Pieper — El ocio y la vida intelectual
El filósofo alemán defiende algo escandaloso para nuestro tiempo: que el ocio —entendido como tiempo dedicado a contemplar, no a consumir— es la base de la cultura. Para alguien que se acaba de jubilar es casi un manual.
4. Tomás de Aquino (selección) — Suma Teológica
No hay que leerla entera (son miles de páginas). Pero hay ediciones de selección —especialmente las cuestiones sobre las virtudes, la felicidad y el bien— que son una de las cumbres del pensamiento occidental. Leer un artículo al día durante un año cambia la cabeza.
5. Romano Guardini — Las etapas de la vida
Un teólogo italiano del siglo XX dedica este libro corto a describir las distintas edades como mundos distintos. La parte sobre la madurez y la vejez es, sin exagerar, una de las cosas más finas que se han escrito sobre lo que estás viviendo.
Novela y memoria
6. Penelope Fitzgerald — La librería
Una novela corta y luminosa sobre una mujer madura que abre una librería en un pueblo de la costa inglesa. No pasa casi nada y pasa todo. Lectura para una tarde de invierno con una manta.
7. Marilynne Robinson — Gilead
Una de las novelas más bonitas escritas en el siglo XXI. Es la carta de un pastor protestante anciano a su hijo pequeño, que no va a verlo crecer. Sobre la fe, sobre la memoria, sobre la belleza ordinaria. Se lee despacio —es para eso—.
8. Stefan Zweig — El mundo de ayer
Las memorias de Zweig, escritas justo antes de su suicidio en 1942, son un retrato magistral de cómo era la Europa que se perdió. Una lectura ineludible para entender el siglo XX —y un libro especial cuando se llega a una edad en que lo personal se cruza con lo histórico—.
Naturaleza y belleza
9. John Muir — Mi primer verano en la Sierra
El padre del conservacionismo norteamericano dejó este diario de un verano de juventud en Yosemite. Es naturaleza, mística y atención. Si te pierde la prisa, este libro te recoloca.
10. María Zambrano — Claros del bosque
Para terminar, una voz española. Zambrano escribe en una prosa difícil al principio y maravillosa cuando se entra. Habla de la razón poética, del silencio, del claro como lugar donde aparece la verdad. Un libro para releer durante años.
Leer en la madurez no es un repaso. Es un encuentro.
Cómo leer estos libros (sin agobiarse)
Tres consejos que da casi todo el que ha leído mucho en la madurez:
Treinta minutos al día, no más. Diez páginas bien leídas valen más que cincuenta atragantadas.
Anota. Un cuaderno al lado, con frases que te han marcado, dudas, asociaciones. Lo que no se nombra se olvida.
Léelos con alguien. Una pareja, un amigo, un grupo de lectura. La conversación dobla el libro.
Si te apetece leerlos en compañía y con un plan ordenado, en el viaje Thenomba Senior hay un plan de lectura para cada una de las doce etapas, preparado por nuestros aliados, con muchos de estos libros entre los recomendados. Es una de las formas más fáciles —y más bonitas— de no leer en soledad.