Sentido y propósito
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Hay un dato que vale la pena tener delante: dos de cada tres personas mayores en España afirman sentirse solas con frecuencia. No es una sensación anecdótica. Es la conclusión de un estudio realizado en La Laguna y refrendado por el informe del Instituto Santalucía sobre preparación emocional para la jubilación (Sánchez-Silva et al., 2024). Llamamos a esto soledad no deseada y, cada vez con más urgencia, empieza a tratarse como un problema de salud pública.
Qué es la soledad no deseada y por qué nos preocupa
La soledad no deseada no es lo mismo que estar solo. Hay muchas personas que viven solas y están bien. Y hay muchas personas rodeadas de gente que se sienten profundamente solas. La soledad no deseada es la diferencia entre la vida social que se tiene y la que se necesita. Cuando esa diferencia se hace crónica, empieza a producir efectos —en el cuerpo, en la mente y en el sentido de la vida— parecidos a los de fumar o a los de la hipertensión.
En la tercera edad, la soledad no deseada tiene tres orígenes distintos que conviene mirar por separado, porque cada uno se aborda de un modo:
Soledad relacional. Se han ido amigos, ha muerto la pareja, los hijos viven lejos. Es la soledad clásica.
Soledad funcional. Se ha terminado el trabajo, se ha terminado el cuidado activo de los hijos. Hay tiempo, pero falta el lugar donde gastarlo en compañía.
Soledad existencial. Se ha perdido la conversación profunda. Hay café con la vecina, pero no hay interlocutor para las preguntas grandes.
Por qué este problema crece en España
España envejece deprisa. Hoy hay más de 10 millones de personas mayores de 65 años, y se prevé que en 2034 sean 11,4 millones. Al mismo tiempo, los hogares se han reducido —una de cada cuatro personas mayores de 65 vive sola, y la cifra crece cada año—. La familia extensa, que durante siglos sostuvo a los mayores en su red, ya no está en el mismo barrio.
A esto se suma otra capa, menos visible: la brecha cultural. La oferta pública para mayores se ha centrado, sobre todo, en lo físico (gimnasia, paseo) y lo digital (talleres de WhatsApp, ofimática). Pero quedan a un lado los espacios donde se cultiva la mente y el alma: ahí donde se conversa, se piensa, se lee, se comparte sentido. Y ese espacio es justamente el que más echan de menos los mayores que se sienten solos.
“La soledad en la madurez muchas veces no es falta de gente: es falta de una conversación a la altura.”
Qué se ha demostrado que funciona
La literatura sobre soledad en mayores —tanto la sanitaria como la sociológica— converge en cuatro tipos de intervención que mejoran de forma sostenida la sensación de pertenencia:
1. Programas comunitarios con propósito
No basta con "quedar". Cuando los encuentros tienen un propósito común —leer un libro, comentar una etapa de la vida, preparar un acto cultural— el efecto sobre la soledad es mucho mayor que en los grupos puramente recreativos. Es la diferencia entre un café y una conversación.
2. Aprendizaje compartido
Aprender en grupo —filosofía, historia, arte— combina dos cosas que combaten la soledad a la vez: estimulación cognitiva (que protege la salud mental en la madurez) y vínculo social estable en torno a un interés común. Es la base de las etapas humanísticas del viaje Thenomba.
3. Dar más que recibir
El voluntariado, la transmisión a los más jóvenes, la mentoría informal, son experiencias que devuelven la sensación de ser necesario. Y la sensación de ser necesario es uno de los antídotos más potentes contra la soledad existencial.
4. Conversación a la altura
Por último, lo más simple y lo más raro: tener acceso a personas —y a textos— que tengan algo que decir. Los grandes pensadores, los grandes escritores, han hablado durante siglos de las mismas preguntas que hoy te haces. Volver a esa conversación, sentirse parte de ella, es una de las formas más bonitas de no estar solo.
Cómo se sale: la apuesta de Thenomba Senior
Thenomba Senior nació, en buena parte, para responder a esta soledad cultural. No es un grupo de actividades ni un curso al uso: es un viaje de doce meses que combina las cuatro cosas anteriores. Hay aliados —filósofos, escritores, historiadores— que abren la conversación. Hay un plan compartido entre NOMBAs de toda España. Hay encuentros en directo. Hay un cuaderno propio para llevar tu propio hilo.
Si has llegado a este artículo buscando "soledad en mayores", lo más probable es que estés mirándolo de cerca: en ti, en tus padres, en alguien a quien quieres. Lo único que decimos aquí es que la soledad no es destino. Que la conversación se puede recuperar. Y que esta etapa de la vida tiene, si se mira bien, una vocación propia: convertir la longevidad en sabiduría compartida.
Fuentes: Sánchez-Silva, C. et al. (2024). Informe sobre preparación emocional para la jubilación. Instituto Santalucía. CienciaXplora @cienciaxplora (2014, 24 noviembre): un estudio prueba que tenemos crisis existenciales cada diez años. TecnoXplora, La Sexta.