Sentido y propósito

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El viaje del héroe a los 70: por qué nunca es tarde para empezar

El viaje del héroe a los 70: por qué nunca es tarde para empezar

El viaje del héroe a los 70: por qué nunca es tarde para empezar

Joseph Campbell describió el patrón que comparten miles de relatos: una llamada, un cruce, una prueba, un regreso. Es el viaje del héroe. Y, contra lo que parece, los setenta —y no los veinte— son una de las mejores edades para emprenderlo.

Joseph Campbell describió el patrón que comparten miles de relatos: una llamada, un cruce, una prueba, un regreso. Es el viaje del héroe. Y, contra lo que parece, los setenta —y no los veinte— son una de las mejores edades para emprenderlo.

Joseph Campbell describió el patrón que comparten miles de relatos: una llamada, un cruce, una prueba, un regreso. Es el viaje del héroe. Y, contra lo que parece, los setenta —y no los veinte— son una de las mejores edades para emprenderlo.

En 1949 Joseph Campbell publicó El héroe de las mil caras y descubrió algo extraño: que casi todas las grandes historias que se han contado en la humanidad —la Odisea, los evangelios, las leyendas artúricas, las películas de Spielberg— siguen un mismo patrón. Lo llamó el viaje del héroe. Una persona común recibe una llamada, cruza un umbral, pasa pruebas, encuentra aliados, vuelve cambiada y trae algo de vuelta. Lo que Campbell no se atrevió a decir tan claro —pero hoy se sabe— es que ese patrón no es sólo la estructura de los relatos. Es la estructura del crecimiento humano. Y se puede emprender a cualquier edad.

Por qué los setenta son una edad especialmente fértil

El viaje del héroe que se contaba en la juventud era el viaje de la conquista: salir, aprender un oficio, hacerse un nombre. El viaje del héroe que se cuenta a partir de los sesenta es otro: el viaje de la integración. Volver a colocar lo vivido. Volver a conectar lo que se sabe con lo que falta por aprender. Volver a poner las facultades —que están enteras, aunque a veces pesen un poco más— al servicio de algo que importe.

Tres cosas hacen que esta edad sea especialmente buena para emprender este viaje:

  • Ya tienes experiencia: el cuerpo de cosas vividas que dan textura a lo nuevo.

  • Tienes tiempo: una de las cosas más raras de los últimos cincuenta años de vida moderna.

  • Has perdido —en el buen sentido— la presión: ya no tienes que demostrar nada a nadie. Por primera vez, puedes hacer cosas porque sí.

Las cuatro fases del viaje, traducidas a tu vida hoy

Campbell habla de hasta diecisiete momentos. Para no liarnos, vamos a quedarnos con las cuatro grandes fases —y vamos a verlas en clave de tu vida actual.

1. La llamada

Es esa sensación que algunos describen como inquietud, otros como aburrimiento, otros como un "y ahora qué" persistente. En las historias clásicas, la llamada llega a la puerta del héroe —Frodo, Bilbo, Ulises—. En tu vida, la llamada suele llegar más bien por dentro: una mañana en que te das cuenta de que las cosas están bien, pero algo te falta. Esa inquietud no es un fallo. Es el principio.

2. El cruce del umbral

El umbral es ese paso —pequeño o grande— que te saca de la rutina y te pone en territorio nuevo. En el viaje del héroe clásico, es el momento en que se acepta la aventura. En la madurez, suele ser el momento en que se acepta que esta etapa pide algo distinto. A veces es apuntarse a una formación. A veces es retomar un oficio antiguo. A veces es pedirse un año para leer en serio.

3. Las pruebas, los aliados, los aprendizajes

Aquí pasa la mayor parte de la historia. Es el cuerpo del viaje: las grandes preguntas, los maestros, los compañeros, los descubrimientos. Es la etapa en la que aprendes a pensar de otro modo, a leer de otro modo, a mirar de otro modo. No es lineal: hay días buenos y días en que cuesta. Pero cada paso te transforma un poco.

Aquí, en el viaje, aparecen los aliados: filósofos, escritores, historiadores, antropólogos, juristas, científicos que ya han recorrido caminos parecidos al tuyo. No son profesores, no te examinan. Te acompañan.

4. El regreso

El viaje del héroe no termina en la cima de la montaña. Termina cuando el héroe vuelve. Vuelve con algo: una sabiduría, una mirada nueva, una forma de servir. Lo más importante del viaje no es lo que has aprendido para ti, sino lo que vas a poder ofrecer a los demás —a tu familia, a tu comunidad, a tu ciudad—. La sabiduría se entrega.

"La sabiduría no se acumula: se entrega."

Cómo se traduce esto a un viaje de doce meses

Cuando construimos el viaje Senior de Thenomba, lo hicimos siguiendo exactamente este esquema. Las doce etapas se ordenan en cuatro fases que se corresponden con las cuatro fases del viaje del héroe:

  • Viajar — la primera etapa, Busca tu propósito, es la llamada. La pregunta es: ¿qué me mueve ahora?

  • Conocer — las nueve etapas centrales, en las que se cruza el territorio de las grandes preguntas humanas: identidad, pensamiento, sentido, historia, ciudadanía, ciencia, mente, belleza y naturaleza. Son las pruebas y los maestros.

  • Crear — la etapa de la creatividad, en la que se transforma lo aprendido en algo propio. La vida como obra.

  • Liderar — El regreso: cómo pasar del saber al servir. Cómo dejar legado.

No es tarde. Probablemente, es ahora

Hay una frase de Cicerón, en su tratado sobre la vejez, que sirve aquí mejor que cualquier otra: la vejez no impide cultivar todos los demás estudios; al contrario, los favorece. Es la edad en que el viaje empieza a ser tuyo —ya no de tus padres, ni de tu trabajo, ni de tus obligaciones—.

Si llevas un tiempo notando esa llamada interior y no sabes muy bien qué hacer con ella, este puede ser un buen día para cruzar el umbral. No tiene por qué ser nada solemne. Apúntate a algo que te exija un poco. Empieza un cuaderno. Lee un libro que llevas años evitando. O ven a hacer el viaje con nosotros, que para eso lo hemos diseñado.

Lecturas: Joseph Campbell, El héroe de las mil caras (1949). Cicerón, De senectute.

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