La universidad
El ideario no es lo que dice tu página web
Toda universidad con misión promete formar a la persona entera. Ex Corde Ecclesiae pidió algo más difícil: demostrarlo. Un test sencillo para saber si tu ideario vive en el plan de estudios.
Entra en la web de casi cualquier universidad con misión y encontrarás, en un lugar de honor, una promesa hermosa. Formamos a la persona entera. Educamos líderes con valores. Ponemos al estudiante en el centro de un proyecto humano y trascendente. Las fórmulas varían; la promesa es la misma, y quien la escribió se la creía. En muchos casos, quien la escribió dio la vida por ella.
Ahora abre, en otra pestaña, el plan de estudios de cualquiera de sus grados. Busca dónde vive esa promesa. Cuenta las horas.
Ahí empieza este artículo. No en el cinismo —las universidades con ideario están entre las pocas instituciones que aún se atreven a prometer algo grande— sino en una distancia que todos los que trabajan en ellas conocen y casi nadie nombra: la que separa lo que declara la web de lo que registra el expediente. Una universidad puede prometer la persona entera en la portada y dedicarle, en el plan de estudios, una asignatura de segundo curso que los alumnos apodan "la maría".
Los alumnos, por cierto, hacen esa cuenta antes que nadie. Y en cuatro años sacan sus conclusiones sobre qué promesas de su universidad iban en serio.
El pliego de condiciones de 1990
Lo interesante es que la exigencia de cerrar esa distancia no viene de fuera. Viene del documento fundacional del propio sector.
En agosto de 1990, Juan Pablo II promulgó Ex Corde Ecclesiae, la constitución apostólica que define qué hace católica a una universidad católica. Se suele leer como un texto de identidad, y lo es. Pero leído hoy, con el plan de estudios al lado, parece otra cosa: un pliego de condiciones técnicas asombrosamente concreto.
Pide que la institución se consagre "sin reservas a la causa de la verdad", y habla del gaudium de veritate, la alegría de buscarla y comunicarla, como su rasgo distintivo. Pide que en ella se dé la "búsqueda de significado" de los avances de la ciencia y la técnica, para que ambas sirvan a la persona, y señala quién debe custodiar esa búsqueda: la teología, la filosofía y las humanidades, con un papel que el texto llama insustituible. Recoge del Concilio el perfil completo del egresado: personas insignes por el saber, preparadas para la responsabilidad pública, capaces de dar testimonio de lo que creen. Y deja escrita la frase que más nos importa aquí: se insta a los estudiantes a adquirir una educación que armonice "la riqueza del desarrollo humanístico y cultural con la formación profesional especializada".
Armonizar lo humanístico con lo profesional. En 1990, antes de internet, aquello podía sonar a ornamento. En la era en que lo profesional se automatiza por semanas, suena a estrategia de supervivencia. El documento más citado de los idearios pedía, hace treinta y cinco años, exactamente lo que el mercado laboral ha empezado a pagar caro.
Conviene fijarse en el verbo del Concilio que la constitución hace suyo: insta. No sugiere, no anima, no ve con buenos ojos. Insta. Y a los estudiantes, no a los folletos.
La distancia, medida
Que la promesa y la práctica se separan no es una intuición nuestra. Está contado con números en este mismo blog, y vale la pena juntarlos.
Cuando se preguntó a 178 vicerrectores académicos por su formación general, el 90% la consideró crucial y solo el 32% creyó que sus alumnos entienden para qué sirve. Cincuenta y ocho puntos entre la convicción del despacho y la percepción del aula. Cuando el mayor estudio sobre florecimiento humano descompuso qué les falta a los jóvenes, encontró dos carencias por encima de todas, y una era la comprensión del propio propósito: la materia prima exacta de cualquier ideario. Y cuando Gallup preguntó a decenas de miles de graduados qué experiencia universitaria había marcado su vida, la respuesta fue un profesor al que le importaban — algo que solo el 22% recuerda haber tenido, mientras todos los idearios del mundo hablan de acompañamiento.
El patrón se repite en las tres medidas. Arriba, la promesa goza de excelente salud. Abajo, no llega.
Piezas sueltas no hacen itinerario
Aquí hace falta ser justos, porque la mayoría de universidades con misión hace muchas cosas, y algunas admirables. Hay capellanías vivas, voluntariados serios, semanas de la identidad, asignaturas de antropología impartidas con vocación. Quien diga que el ideario está vacío de contenido no ha pisado esos campus.
El problema casi nunca está en las piezas. Está en que las piezas no se tocan entre sí. La asignatura de segundo no sabe nada del voluntariado de tercero; la conferencia del martes no deja rastro en ningún sitio; nada de todo ello se encadena, se evalúa ni aparece en el expediente. El alumno lo vive como una constelación de satélites girando alrededor de su carrera, que es lo que de verdad va en serio. Y los satélites, con el calendario apretado de un tercero de carrera, son lo primero que se cae.
Un conjunto de actividades produce recuerdos. Un itinerario produce otra cosa: un recorrido con principio y final, con nombres que enseñan y alguien de la casa que acompaña, con lecturas que se encadenan, con una evaluación que dice en serio y con una huella en el expediente. La diferencia no es de presupuesto. Es de arquitectura. Ya vimos aquí el caso de una universidad técnica americana que pasó de cien alumnos a ocho mil en su programa de humanidades sin cambiar los contenidos: cambió la forma en que se encadenaban. Las piezas ya las tenía.
El test del escudo tapado
Hay una manera rápida de saber en qué punto está tu institución, y no requiere consultores.
Imprime el plan de estudios de tu grado más numeroso. Tapa el escudo. Y pregúntate: ¿qué asignaturas de esta lista no podrían estar, tal cual, en la universidad de enfrente?
Lo que quede después de esa pregunta es tu ideario real. Lo demás es la página web.
Si lo que queda es una asignatura de seis créditos, tu promesa más importante ocupa el dos y medio por ciento del expediente. Si lo que queda es "el ambiente, el trato, la capellanía" — todo cierto, y todo invisible: invisible para la familia que compara universidades un sábado por la mañana, e invisible para el alumno de tercero que va justo de tiempo y solo protege lo que puntúa. Lo que no está en el itinerario compite contra el itinerario, y suele perder.
Un ideario con antes y después
La buena noticia es que cerrar la distancia no exige refundar nada.
Exige darle a la promesa la misma forma que tiene todo lo que la universidad se toma en serio: un recorrido. Con calendario y con nombres de primer nivel enseñando. Con un profesor de la casa acompañando a cada alumno, porque la misión no se subcontrata aunque el instrumento venga de fuera. Con lecturas que se encadenan durante años y una evaluación que exige lo que ninguna máquina puede entregar. Y con algo que casi ningún ideario del mundo tiene todavía: una medida al principio y otra al final. Preguntar por el sentido, los vínculos y el carácter del alumno en septiembre de tercero, volver a preguntar en junio de cuarto, y mirar la diferencia.
Ese día, el ideario deja de ser un género literario. Se convierte en una serie temporal.
Y entonces la página web puede decir lo que siempre dijo, con una diferencia que lo cambia todo: que detrás de la frase hay un itinerario, y detrás del itinerario, datos. Formamos a la persona entera. Mira.
¿Y si esto fuera tu próximo año?
Un viaje de ideas, conversaciones y veinte minutos al día para seguir creciendo.
Sigue leyendo
La era
El regreso de los polímatas
La imprenta creó al polímata; la fábrica lo enterró. Ahora la IA vuelve a hacer barato el saber y lo escaso es el criterio. Vuelve el polímata.
La persona
La primera generación que florece menos
Durante décadas el bienestar repuntaba con la juventud. El mayor estudio sobre florecimiento humano dice que ya no. Qué mide, qué encontró y qué puede hacer una universidad.
La universidad
La asignatura que nadie quiere cursar
El 90% de los vicerrectores cree que la formación humanística es crucial. Solo el 32% cree que sus alumnos entienden para qué sirve. Qué revierte esa distancia.