¿Estás institucionalizado en tu trabajo?
Un despido después de 24 años, una escena de Cadena Perpetua y una pregunta incómoda: ¿qué queda de ti cuando le quitas el trabajo?

Rodrigo Sangrador

Otro día más. Suena el despertador. Te levantas. Llegas a la oficina. Después de todo, llevas 24 años trabajando en la empresa. La misma rutina los últimos 24 años. Correos, llamadas, reuniones… No será tan difícil hoy, piensas. Parece que este será un día normal, como otros. Pero no, aunque aún no lo sabes. Eres el director comercial de una multinacional de textiles que tiene más de 1500 trabajadores en el país. Nada más llegar a la oficina, te llama la directora de Recursos Humanos a su despacho. A ver qué quiere. Y de repente, como un jarro de agua fría, te explica que la nueva directiva exige “repensar“ el departamento comercial. Reestructuración, reorganización y muchísimos otros “re” que no entiendes. En definitiva, que estás despedido. Sin más. Como si nada. Buenas tardes. Gracias por todo. La empresa que te ha visto crecer, la empresa que has hecho crecer, no puede hacer nada. Nadie puede hacer nada. Son órdenes que vienen desde arriba. Una mezcla de sudor y escalofríos recorre todo tu cuerpo. Después de más de dos décadas, se acabó. ¿Qué vas a hacer ahora?
Este mes de abril le he dado muchas vueltas al tema del trabajo. Y entre mis pensamientos he tenido la suerte (o la desgracia, todavía no lo sé) de toparme con un proyecto que se llama El Óculo, una especie de podcast sencillo y cortito, con un formato alejado del ruido de los shorts y de los reels de 30 segundos rápidos y con musiquita de fondo. En el primer capítulo de este oasis digital se habla de una escena de la mítica película ‘Cadena Perpetua‘, en la que uno de los presos consigue la tan ansiada libertad. Este recluso, después de estar muchos años en la cárcel, tiene que volver a la vida normal: conseguir una casa, un trabajo… ¿Sabes lo que pasó? Al tercer día apareció ahorcado en su apartamento.
Lo interesante es que el locutor relaciona esta escena con el tema del trabajo… Gente que se desvive por su profesión, por su empresa, por su ocupación, que son “presos” de su trabajo durante años, que no construyen nada que no tenga que ver con eso, y cuando tienen que cambiar de trabajo o se les despide, y se topan con la vida real, ya no saben quiénes son. Ya no saben qué hacer. Porque han construido su identidad en base a su trabajo. Su trabajo lo era -literalmente- todo. Por eso te pregunto este mes: ¿Estás institucionalizado en tu trabajo? A mí me da que pensar. Sobre esto hablaremos en el Gran Thinkglao de la Transformación Social. ¿Tú para qué trabajas? ¿Tiene sentido lo que haces? Si son preguntas que te haces a menudo, te esperamos en el Hipódromo de la Zarzuela de Madrid el miércoles 20 de mayo.

Foto del mapamundi de TheNomba. Si conoces a alguien en Arabia Saudí anímale a hacer TheNomba, que solo tenemos a un alumno ahí y el pobre está solo.
Esta foto es el mapamundi TheNomba. En un solo vistazo se observa en qué parte del mundo tenemos a los alumnos. Así, con magnanimidad. Ya somos más de 670 alumnos. Es impresionante escuchar cada vez más testimonios de alumnos que se están parando a pensar de verdad, y a invertir tiempo en lo que de verdad importa. Te dejo, por ejemplo, el testimonio de Luis, que trabaja de consultor en una Big4. O el de Alejandro, físico médico residente de 26 años.
Pero no todo lo importante es “lo global”. Últimamente me veo inmerso en muchas conversaciones sobre el tema de lo rural. Y me da la sensación de que todo el mundo coincide en lo mismo: las grandes ciudades se están volviendo inhabitables (yo vivo en Madrid) y existe un anhelo profundo de volver al campo, a los pueblos, a la tranquilidad de una vida normal y cotidiana. Cada vez oigo más aquello de que “estar offline es el nuevo lujo“ o cosas como el JOMO (el placer de perderse las cosas).
Igual te parece un topicazo, pero me da la sensación de que, relacionado con el tema de lo rural, cada vez resulta más difícil vivir desde el asombro. Tanto imput, tanta rapidez, tanto ruido… Vivimos rápido y como pollos sin cabeza, esclavos de una dinámica hiperproductiva que nos adormece y nos cansa, como ya profetizó Chul Han en su obra La Sociedad del Cansancio. Al final, acabamos por verlo todo como un derecho, y no como un don. De eso nos habló Rod Dreher en el IV Encuentro de Nombas en Madrid. Muchas veces sin quererlo, ponemos el piloto automático y nos olvidamos del mayor regalo que tiene el ser humano: la capacidad de asombrarse. Decía Chesterton que la mediocridad es estar rodeado de grandeza y no darse cuenta. Pues eso… Con ganitas del siguiente evento Nomba.

Rod Dreher hablando con los Nombas en Madrid la semana pasada.
Por otro lado, José María Torralba nos dejó bastantes joyitas en su directo online titulado “Libertad y compromiso”. Si tuviera que resumirlo en una idea central, te diría que “una vida valiosa no se construye evitando compromisos, sino eligiéndolos bien”, es decir, que la libertad verdadera no está en atarse a nada, sino en elegir bien a qué atarse.
Este mes de abril estamos muy ilusionados con el test viral que hemos hecho sobre Qué filósofo llevas dentro. Ya lo han hecho más de 2000 personas y no nos esperábamos esa acogida. ¿A ti qué te sale? A mí Aristóteles, Kierkegaard, Chesterton y Edith Stein, la verdad es que no me lo esperaba.
En el ámbito internacional, los conflictos siguen a flor de piel. El estrecho de Ormuz, la subida de los precios, inestabilidad en las relaciones internacionales… Sobre este tema trató el thinkglao de Alberto Garín hace dos semanas, titulado “geopolítica sin moral”. Él habló, sin pelos en la lengua, de que la geopolítica actual no se puede entender moralmente, aunque muchos de nosotros pensemos que sí. Una tesis bastante polémica, que levantó discrepancias en el público, por ser también un tema tan complejo. Lo importante fue que nos hizo pensar, y a muchos, salir de su zona de comfort. Para eso están los thinkglaos.
Este mes se ha hablado mucho de vivienda. De precios imposibles, de alquileres que no dejan de subir, de gente que trabaja y aun así no llega. Todo eso ya lo hemos escuchado mil veces. Pero hay algo que se dice menos, y que a mí cada vez me pesa más: Formar una familia hoy es difícil. Mucho más de lo que parece. Y es que la vivienda es condición sine qua non para poder formar una familia. Es bastante básico: necesitas un sitio. Un hogar. Un espacio físico donde empezar algo. Donde poder quedarte. Donde construir una vida que no sea provisional. Porque una familia no se construye en el aire. No se construye en habitaciones compartidas, ni en contratos de seis meses, ni en esa sensación constante de “ya veremos el año que viene“. Necesita cierta estabilidad, aunque sea mínima. Un lugar donde puedas decir: aquí empieza algo. Aquí construyo un fortín. Aquí construyo, como decía mi maestro Rafael Alvira, un lugar al que volver.
Y eso, hoy, no es tan evidente. Conozco a gente que quiere dar ese paso. No dentro de diez años, sino ahora. Pero se encuentran con una realidad bastante simple: no pueden. No porque no quieran, ni porque no estén preparados, sino porque no tienen dónde. Y poco a poco, eso va cambiando la forma de pensar. Ya no es “quiero formar una familia”, sino “ya veré más adelante”. Y ese “más adelante” se va estirando. No es solo un problema económico. Es algo más profundo: es la sensación de que hay decisiones importantes que empiezan a depender de cosas que no controlas. Y eso desgasta mucho, ¿no te parece?
No tengo una solución clara. Pero sí tengo la sensación de que, cuando se complica tanto algo tan básico como tener un hogar, lo que se resiente no es solo el mercado o la economía. Es la forma en la que empezamos a vivir la vida. Y eso, aunque no salga en los titulares, es bastante serio.
Mientras todo esto pasa, nosotros seguimos con el piloto automático. Y quizá por eso merece la pena, aunque sea una vez al mes, parar un momento y mirar de verdad.
¡Me despido hasta el último jueves de mayo!





